Islandia, noviembre de 1980: una jovencísima e intrépida agente de policía, Hulda Hermannsdóttir, recibe en plena noche la llamada de su superior.
En una remota cabaña de pescadores situada en un valle aislado y poco poblado al norte del país, han encontrado un osito de peluche, posiblemente una pista relacionada con un caso sin resolver: la desaparición de un niño la Nochebuena de 1960.
Hulda parte de inmediato hacia allí acompañada de una colega, pero no son recibidas precisamente con amabilidad.
Mientras las pistas emergen lentamente entre la nieve y el silencio, Hulda se enfrenta no solo a una compleja investigación, sino también a sus propios fantasmas: una hija pequeña, un matrimonio en crisis y la necesidad urgente de demostrar su valía en un mundo de hombres.
Pero hay verdades que el tiempo no puede enterrar. Y heridas que, al abrirse, reclaman justicia.
Esta novela pone el punto y final a una serie del "noir"nórdico. Esta saga se caracteriza porque construyen una historia hacia atrás, donde cada entrega retrocede en el tiempo para descubrir el pasado de su protagonista. Aquí el meollo se sitúa en los primeros pasos profesionales de Hulda, mucho antes de convertirse en una investigadora cercana a la jubilación que conocíamos al principio de la saga.
Estamos en Islandia, en el año 1980, una joven policía investiga en una zona del norte la aparición de una pista vinculada a la desaparición de un bebé ocurrida veinte años atrás.
A partir de aquí, la historia avanza de manera lenta sumergiendo al lector en esa atmósfera de aislamiento e inquietud. No sólo se enfrenta a un caso complejo, sino también a sus propios conflictos personales y a la presión de demostrar su valía en una sociedad todavía liderada por hombres.
Hulda, todavía muy joven, tiene que ganarse el puesto dentro de un entorno laboral que no se lo pone fácil.
No es un relato de acción y cada nuevo descubrimiento remueve heridas de un pasado que nunca llegaron a cerrarse.
El entorno cerrado se hace mas intenso y da la sensación de que cada paso en la investigación no implica enfrentarse a un misterio, sino también a una comunidad que se empeña en mantenerlo oculto.
El ritmo es bueno, sin que haya giros espectaculares. Los capítulos breves facilitan una lectura fluida pero lo que verdaderamente atrapa es ese ambiente tan característico de un país como es Islandia.
El paisaje islandés actúa como una presencia que condiciona el ánimo de los personajes y se palpa la sensación de aislamiento. La nieve, el frío y el vasto territorio se convierten en un papel fundamental para el desarrollo de la novela.
Un final muy sorprendente que no lo ves venir es la guinda a esta novela que está muy bien escrita y que entretiene mucho.
Me ha gustado y la recomiendo aunque no se hayan leído las anteriores porque son autoconclusivas.
Yo aconsejo leerlas todas porque nos va a dar muchas pistas sobre la protagonista y los casos que investiga.
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