Durante la noche más corta del año, mientras las hogueras arden y los secretos se convierten en humo, alguien está a punto de cometer el crimen perfecto.
Para superar sus problemas personales, el inspector Gabriel Somoza se instala en la vieja casa de sus padres en la costa de Alicante: un rincón solitario del que tiene recuerdos felices.
Sin embargo, sus planes de tranquilidad se ven truncados cuando descubre que el anterior inquilino desapareció en circunstancias extrañas y constata que los vecinos que lo rodeaban saben más de lo que cuentan.
Lo que comienza como curiosidad pronto se convierte en una obsesión. Gabriel, impulsado por un instinto que creía enterrado, empieza a unir las piezas de un rompecabezas inquietante que solo alguien como él es capaz de resolver.
Un thriller policíaco que es la primera entrega y aunque pertenece a una serie de tres novelas protagonizadas por Gabriel Somoza es autoconclusivo.
Gabriel es un hombre que ha sufrido una tragedia personal, ha perdido a su familia en un accidente, su mujer y su hija, por lo que lo único que le queda es seguir adelante con su trabajo de policía.
Tras regresar a su antigua casa familiar, en un lugar de la costa alicantina, descubre que el anterior inquilino de esta casa vacacional, desapareció sin dejar rastro.
A partir de aquí Gabriel se va a ver involucrado en una investigación en la que el entorno vecinal muestra curiosidad por saber lo que le pasó a su vecino y así su vida se pondrá patas arribas obligándole a volver a ejercer como policía.
Los vecinos esconden algo por lo que te hace desconfiar de todos. El giro final es sorprendente y muy bueno.
La historia transcurre en tiempos de pandemia con todas las restricciones del confinamiento y lo que eso conlleva.
La lectura tiene un ritmo trepidante. Escrita de forma directa, sencilla y sin rodeos, va al grano.
Novela que engancha y no puedes parar de leer.
Me ha gustado y es muy recomendable.
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