En su primera incursión en el género teatral, Delphine de Vigan nos sitúa en el corazón de un rodaje de cine, desplazando su mirada hacia aquellos que habitan el último escalón de la industria: los figurantes.
Cuerpos anónimos que al final no serán más que una sombra desenfocada, pero que pasan horas esperando y soportando todo tipo de incomodidades sin que nadie se preocupe de ellos.
Cuerpos que, pese a todo, son imprescindibles para dotar de realismo y verosimilitud a la ficción. Orso, Cécile, Bruno, Joyce y Nora son un grupo de figurantes habituales de todo tipo de películas que aguardan indicaciones.
En las interminables esperas entre toma y toma, matan el tiempo compartiendo anécdotas, se someten a la rutina absurda de los cambios de vestuario y se enfrentan a la certeza de que, cuando finalmente llegue el momento de aparecer en pantalla, quizá nadie repare en ellos.
Poco a poco, las máscaras van cayendo y se revelan confesiones más íntimas: la fatiga de Cécile tras años trabajando en un hospital, la necesidad de pertenencia de Bruno, la rabia de Nora frente a un sistema que la relega incluso cuando actúa, el deseo de Joyce de ser vista apenas un instante, la inseguridad de Orso…
Las escenas, que oscilan entre lo cómico y lo melancólico, revelan un ecosistema precario: horarios abusivos, pruebas interminables, y una insalvable fractura jerárquica entre las estrellas y los desconocidos.
Es un libro de poco más de 100 páginas que se lee en un suspiro. Es un relato que trata sobre los figurantes, esas personas que aparecen unos pocos minutos en cada escena y que incluso pasan desapercibidos ya que hay veces que los emborronan para que no se les identifique.
Esos figurantes tienen sueños, frustraciones y experiencias personales. Representan a ese colectivo de puestos de trabajo que suelen ser ignorados pero que son esenciales para que todo funcione en la pequeña y la gran pantalla.
Escrita como si de una obra de teatro fuera nos muestra las vidas corrientes y las dificultades personales que acarrean esos trabajadores que permanecen en un segundo plano.
También critica las jerarquías sociales del mundo artístico y su clasismo junto a la precariedad laboral de quien tiene la necesidad de ser valorado.
Es el debut teatral de esta autora que está escrito con humor y da visibilidad a los "invisibles" del cine reflexionando sobre esa invisibilidad humana.
Me ha parecido una lectura imprescindible para dar a conocer este trabajo tan poco valorado del que formo parte. Gracias Delphine.
Recomendable para aquellos lectores que quieran saber más y/o tengan curiosidad sobre este mundillo.
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